- Lector de libros, iPad, iPhone, iPod, etc. Descargar eBook hacer click aquí
- Comprimido en .ZIP
Libro utilizado por lo docentes en las aulas por su interés científico.
Introducción:
EL DOLOR CRÓNICO, UNA CRISIS PERMANENTE
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su primera acepción, crisis es el “cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente”. Viene a la memoria el texto de un chiste de Perich sobre el dolor que decía que «existen dos tipos de dolor, el nuestro, que es insufrible, y el de los demás, que es exagerado». Entonces, dolor crónico es un ¿vaivén imprevisible? Es un sin vivir.
El dolor crónico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a más del 20 % de la población. Por ello es considerado por dicho organismo mundial como una enfermedad y, al igual que cualquier patología crónica, requiere un tratamiento continuado, multidisciplinar controlado por especialistas en el tratamiento del dolor.
El Dolor crónico supone un coste entre el 2,2 y el 2,8 del PIB de los países industrializados, contabilizando los recursos necesarios para su tratamiento y las perdidas debidas al absentismo laboral. De otra parte la idoneidad del tratamiento es un derecho inalienable de todos los pacientes, y el llevarlo a término una obligación de los profesionales de la salud. Creemos que esto explica suficientemente la razón, por la que los médicos debemos estar implicados en el desarrollo de ésta y otras iniciativas, que reconozcan el dolor como problema cuya solución y abordaje debe ser posible.
Redundando en los datos, uno de cada cinco adultos en Europa padece o padecerá dolor crónico. El impacto es muy importante sobre las vidas de los afectados, tanto a nivel personal como profesional y se hace necesario un marco de comprensión y solidaridad mayor del problema. Por eso debemos colocar el problema del dolor en el lugar que su importancia merece.
En España, de dolor saben un total de 4,5 millones de personas que lo padecen de forma crónica, limita seriamente sus vidas y marca sus expectativas personales y profesionales de forma decisiva. Es un trastorno con el que los afectados conviven durante un promedio de 5 años a lo largo de su vida y que en la mitad de los casos no es bien controlado, conforme a los resultados de un reciente estudio desarrollado por la Plataforma “Pain Proposal” en 15 países europeos, con el objetivo de recoger la realidad del dolor crónico en España y Europa.
PB
Prólogo:
Esta iniciativa, impulsada por expertos europeos y españoles en colaboración con la industria farmacéutica, ha contado con la participación de más de 2. 000 pacientes y casi 1. 500 médicos de Atención Primaria y ha evidenciado, además, que el promedio de tiempo para obtener un diagnóstico de dolor crónico es de 2 años que, junto al año y medio para lograr un tratamiento adecuado, prolonga innecesariamente esta crisis personal en casi 4 años.
Respecto al impacto laboral del dolor crónico, el 22% de los pacientes pierde su empleo, un 8% sufre cambios de responsabilidad en su puesto de trabajo y un 4% se ve obligado a cambiar de trabajo. Es decir, el dolor no solo afecta a la salud física de un paciente, sino también a su entorno familiar y puede condicionar la estabilidad laboral del mismo y por extensión, de un país entero, sobre todo, cuando su abordaje es confuso y/o tardío y ya no digamos costoso, sobre todo en estos tiempos.
Para dar una salida a estos pacientes existen las Clínicas del Dolor, donde médicos especialistas, realizan un abordaje integral del problema, no solo tratan el dolor sino que alivian el sufrimiento y sobre todo aumenta la calidad de vida de los pacientes victimas de esta enfermedad epidémica que es el DOLOR CRÓNICO.
El dolor es un problema que afecta a todos, sin distinción de profesión o condición social, no respeta a niños, ni ancianos; no discrimina por sexo, raza o credo; no tiene preferencia por el norte o el sur. Es un enemigo astuto, que muchas veces se oculta sin dar la cara en análisis o pruebas de imagen y que mina la resistencia física y psíquica de las personas.
El dolor debe contemplarse como área de formación y especialización especifica potenciándose las iniciativas tendentes a la cualificación de los profesionales de la salud.
Menos del 2% de los pacientes de dolor son atendidos por profesionales con suficiente cualificación y experiencia en el tratamiento del dolor. Un profesional formado mejora la atención y disminuye el tiempo de resolución de los problemas.
Pero no debemos conformarnos con eso, un paciente formado mejora igualmente el tiempo y la eficacia en la resolución de los problemas, se debe apoyar aquellas iniciativas que desde diversas entidades y colectivos mejoran el conocimiento de la salud y de las enfermedades.
En algunos países europeos, la legislación considera los opioides casi como venenos adictivos sin tener en cuenta la necesidad del paciente y la prescripción médica a la hora de su uso en la vida normal del paciente. Esto puede generar discriminación injustificada. Debemos reclamar la suficiente atención para el tratamiento del dolor como entidad independientemente de la causa que lo genere.
La falta de comprensión puede llevar incluso a impedir algunas tareas a personas con tratamientos perfectamente controlados por el hecho de ser analgésicos mayores. De ahí que se debería valorar en su justa medida los tratamientos crónicos como necesarios para las patologías crónicas y comprender las limitaciones que pueden generar, sin convertirlas en factores de discriminación. Esa suerte de equilibrio entre efectos terapeuticos y secundarios, se constituye en un arte gracias a la correcta orientación del profesional del dolor
Todos cuantos viven alrededor del dolor crónico, bien como pacientes, bien como cui-dadores, bien como terapeutas, consideran que el tratamiento del dolor crónico en los primeros síntomas debería considerarse una estrategia prioritaria, pues con ello se reducirían los gastos sanitarios derivados del retraso y probablemente se aminorasen las complicaciones de su cronificación y, por ende, el sufrimiento.
El dolor crónico en muchos casos, se puede renombrar como «dolor total», al ser un problema multidimensional compuesto por varios aspectos: uno bien conocido por los médicos, es el aspecto físico-biológico, pero coexisten, no siempre con el mismo peso en el valor del «dolor total», un aspecto emocional, otro social y un último, quizá el más relevante en los momentos de finales de la vida que nos enfrenta a preguntas trascendentales, el aspecto espiritual. Todas estas facetas del dolor influyen en su intensidad y, si quienes se proponen aliviarlo, no comprenden este concepto de «dolor total», y se trata de manera parcial, es muy probable que no obtengan todo el éxito en su tratamiento.
En muchos casos el dolor acompaña hasta el fallecimiento y solo alcanza el alivio en este punto. Pretendemos que el dolor no acabe con la vida y se extinga por la muerte sino que se mitigue antes, mejorando la calidad de vida mientras exista y acompañando a la persona hasta su final, sin estigmas ni sufrimiento.
Íniciativas cívicas como Sine Dolore: Asociación Española contra el Dolor (www.sinedolore.org), que promueve hacer visible lo invisible: EL DOLOR, son del todo en-comiables. Surgen como instrumento para mejorar la comunicación entre pacientes y profesionales de la salud dedicados al tratamiento del Dolor y en la medida de lo posible posibilitar la participación en la toma de decisiones que les puedan afectar sea a escala individual sea a escala colectiva.
Las asociaciones de pacientes contra el dolor, quieren concienciar a las instituciones y a la opinión pública de la necesidad de una atención especializada a los pacientes con dolor de nuestro país. Sine Dolore está integrada en el Foro Español de Pacientes y en la European Pain Network (EPN), con asociaciones de otros países, lo cual hace que constituyan una gran familia Sine Dolore a escala mundial.
Si a escala individual el alivio es posible y un deber moral, a escala colectiva es una cuestión de organización, planificación adecuada y deber institucional. Desde la sociedad no podemos conformarnos con saber lo que las instituciones pueden y deben hacer, queremos participar en las propuestas y el seguimiento de los esfuerzos y de las políticas públicas.
Pero para que iniciativas como SINE DOLORE (www.sinedolore.org) tengan la fuerza necesaria para desenmascarar al dolor, haciendolo visible y por lo tanto más vulnerable, es necesario el apoyo a las asociaciones, no solo de ese 20% de la población que lo padecen, sino con la colaboración de todos profesionales médicos, pacientes y sociedad civil, para que puedan aunar esfuerzos contra este mal que vive entre nosotros pero que no se ve y no se puede medir.
Por todo ello cobra un valor especial el Forum Mediterráneo Multidisciplinar Contra el Dolor, donde los médicos conocen de primera mano “ La Lex Artis del Tratamiento Multidisciplinar del Dolor” y donde además se les da a conocer la Asociación Sine Dolore através de “ La Gran Gala Sine Dolore” para que ellos mismo cuando vuelvan a sus consultas hagan propaganda entre sus pacientes y así cada vez SINE DOLORE suene con más fuerza.
Con todo lo dicho anteriormente, quiero terminar con la mejor síntesis que, como profesionales del tratamiento del dolor, hemos escuchado nunca. Fue el mejor colofón posible al IV Forum Mediterráneo contra el Dolor que, desde hace años, impulsamos en Menorca, y fue en boca de la presidenta de la Asociación de lucha contra el dolor, Sine Dolore España, Carmentxu Abásolo: “Combatir el dolor no sólo es aplicar tratamientos médicos y psicológicos. Combatir el dolor…también es un acto de amor, y también el amor contribuye al alivio, no lo olviden”.
Autores:
- Dr. Jordi Moya Riera
- Dr. Alfonso Vidal Marcos
- Dr. Manuel Corral Rosado
- Dr. Jaime Rodríguez Quintosa

